Se dice que todos los viajes comienzan con un solo paso. Para Edward y Marie* y su hija de 8 años, Caroline, la odisea en el mundo de la tecnología en la que recientemente se embarcaron inició con un garabato rojo -del tipo que usa Microsoft Word para indicar un error ortográfico.
Caroline, una niña de tercer grado en Alexandria, Virginia, lucha con la comprensión de lectura y la ortografía. A pesar de que es fuerte en otras materias, lee por debajo del nivel de su grado, muestra signos de dislexia y sus habilidades de caligrafía se quedan atrás de las de sus compañeros de clase.
Al final del segundo grado, durante una reunión para establecer el Plan Individual de Educación de Caroline (IEP, por sus siglas en inglés) -el cual perfila las metas y el alcance del aprendizaje para los estudiantes que reciben servicios especiales- una de sus maestras sugirió que ella empezara a utilizar una computadora para mejorar su comprensión de lectura, ortografía y gramática.
“Ella se volteó hacia nosotros y dijo, ‘Ya que ella va a aprender mecanografía el próximo año, incorporemos esto dentro del IEP el próximo año’”, dijo Marie. “No teníamos idea que los niños de tercer grado empezarían a aprender mecanografía”.
La clase de mecanografía es parte del plan de integración tecnológica formal del distrito escolar, diseñado para introducir a los estudiantes a la tecnología que muy probablemente van a necesitar cuando sean adultos-y esto encaminó a Caroline y su familia en su propia versión de un plan de integración tecnológica.
Desde que inició el tercer grado, Caroline ha estado usando Microsoft Word para hacer sus tareas escolares. Ella lo usa con la función de auto corrección apagada, de manera que el programa resalta y subraya las palabras mal deletreadas, pero no las arregla automáticamente. Cuando ella termina un pensamiento o párrafo, ella puede regresar y ver las palabras que escribió incorrectamente, y concentrarse en ellas.
Ella practica para exámenes de ortografía escribiendo las palabras de ortografía que tiene que aprender y luego revisando para ver cuáles están subrayadas con el garabato rojo familiar que indica un error ortográfico.
“Pienso que es una buena idea, en parte porque ella aprende en una forma visual; si ella puede ver algo o escucharlo, es mentalmente asimilable, especialmente si se trata de conceptos abstractos como la descodificación de palabras. Tenerlo representado en una pantalla acelera el proceso”, dice Edward, quien conoce los esfuerzos de su hija en carne propia: él trabajó arduamente durante años con lo que sospecha es dislexia que no ha sido diagnosticada.
Como varios estudiantes, el retraso en la lectura de Caroline había producido una baja en su confianza. “Ella se compara constantemente con sus amigos y se encuentra a sí misma como carente, diciendo cosas como ‘Amanda es la chica más inteligente de la clase porque ella puede leer un libro con capítulos’. Ella nunca se compara con ninguno en la clase de matemáticas, nunca se preocupa acerca de ciencias o estudios sociales o matemáticas porque ella tiene buen desempeño en esas materias”, dice Marie.
Marie y Edward piensan que el correo electrónico -la próxima parada en su travesía tecnológica-podría ayudar. “Estamos buscando más oportunidades que le proporcionen un incentivo claro para que lea, y creemos que el recibir un mensaje de un amigo o de sus abuelos sería una buena recompensa por el trabajo realizado”, dice Edgar.
Consideraciones de seguridad
Ahora que los padres de Caroline han abierto la puerta a las computadoras y a la tecnología, están explorando formas para ayudarla a mantenerse más segura cuando esté en línea. Ellos han comenzado a hablar sobre si ella debiera tener su propia dirección de correo electrónico, en lugar de usar el de su madre -ella aún no los está presionando para conseguir una, porque pocos de sus amigos tienen cuentas de correo electrónico- y si debieran decirle o no que leerán sus mensajes.
Por ahora, Caroline no tiene un teléfono móvil, pero cuando llegue a la escuela de educación media, ellos podrían darle uno para coordinar los viajes hacia y desde la escuela y sus actividades. Ellos ya están considerando renovar su plan como plan de familia, para agregar una línea para Caroline.
De hecho, Edward y Marie están comenzando a tener una serie de conversaciones sobre cómo mantener a Carolina más segura en línea y nos dejaron que estuviéramos presentes durante una de las conversaciones -vea la conversación adjunta.
Edward y Marie son padres de familia que viven en Alexandria, Virginia. *Para respetar la privacidad de su hija pidieron que solo usáramos su segundo nombre.

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