Preguntas y respuestas con la terapeuta Julie Guido, Segunda Parte
En la segunda parte de nuestra serie, Julie Guido dialoga sobre un caso grave de agresividad cibernética y sobre cómo la víctima encontró la forma de restablecerse -y cómo pueden intervenir las escuelas y los padres / tutores con los agresores, las víctimas y los observadores.
Julie, mencionaste que hubo un caso severo de agresividad cibernética que se destacó de los demás durante tu trabajo como terapeuta escolar. ¿Nos podrías hablar sobre este caso y lo que podemos aprender de él?
Trabajé con una alumna que cursaba el último grado de secundaria quien fue agredida cibernéticamente en el séptimo, octavo y noveno grados, a tal punto que se le diagnosticó el trastorno de estrés pos-traumático (PTSD, por sus siglas en inglés). Antes de ser agredida cibernéticamente, ella había tenido algunos problemas, incluyendo ansiedad, pero la agresión la empujó al abismo. Cuando llegó a mi escuela mostraba señales de fobia social.
Esta estudiante estaba siendo acosada a través de llamadas a su teléfono celular, mensajes de texto y mensajes instantáneos; y colocaron rumores sobre ella en MySpace y Xanga. La agresión era constante y no cesaba.
En los viejos tiempos cuando los mensajes se escribían en las paredes de los baños, los maestros podían observar el enojo y el veneno, y podían tapar dichos mensajes con una capa de pintura -la agresión cibernética es algo que persigue sin tregua a los adolescentes. Es parecida a una fuerza invisible que puede surgir inesperadamente en cualquier momento, en cualquier lugar.
Para el agredido, el revisar sus páginas web, sus mensajes de texto y sus mensajes instantáneos puede volverse un acto de masoquismo que los adolescentes se infligen a sí mismos, esperando que de alguna forma la situación pueda cambiar. Los padres de familia y los adultos deben intervenir -porque, ¿cuántos chicos pueden ejercer el tipo de autocontrol que se necesita para no revisar lo que los demás están haciendo y diciendo de ellos?
¿Cuáles son las mejores formas de responder a la agresividad cibernética y cómo le funcionó esto a esta alumna?
Tuvimos que comenzar desde cero: ella identificó sus sentimientos, aprendió a hablar sobre lo que realmente estaba pasando y trabajó arduamente para deshacerse del dolor que la afligió cuando cursó la escuela intermedia.
Por lo general, son tres los métodos que se utilizan como respuesta a la bravuconería: pedirle a un adulto que intervenga, confrontar al agresor o bloquear al agresor. La alumna, ya en su último año de secundaria, trató de poner en práctica el primer y el último enfoque. El querer enfrontar al agresor fue un fracaso. Trabajé con ella para ayudarla a tomar una decisión; decisión que al final ella escogió: decidió abandonar estas relaciones y comenzar de nuevo. En vez de dejar que los demás controlaran su autoestima, fue capaz -con la ayuda de los adultos- de cortar todos los vínculos. Fue extremadamente difícil.
Ahora, ella es mayor de edad y asiste a la universidad. Es una de las personas más sanas que conozco. Ha recibido terapia y medicamentos durante años y ahora es una joven mujer muy consciente de sí misma y muy trabajadora. Ella sabe que puede salir de cualquier crisis. Ella dio su consentimiento para que su historia fuese contada con el propósito de ayudar a los demás.
Hemos tenido otras situaciones en la escuela, en donde el personal de la misma no se enteró de la bravuconería cibernética hasta que la misma alcanzó proporciones sumamente serias; para entonces ya era demasiado tarde para la mediación. Una alumna de décimo grado cambió de escuela y nosotros, como parte del claustro, nos sentimos terriblemente mal porque ella no pudo resolver el problema de la agresión. Esto la afectará por siempre. Fue una lección trascendental para la escuela; ahora la escuela se está concentrando más en educar a todos sobre el problema y en prevenirlo.
¿Cómo pueden intervenir los padres de familia y las escuelas con los agresores cibernéticos?
Primero, debe sentirse compasión por estos agresores cibernéticos. Ellos sienten dolor y sienten la necesidad de causar dolor en represalia. Ellos necesitan una estructura, una guía y consecuencias inmediatas, además de planes para lograr cambios concretos. Puede necesitarse una intervención terapéutica para trabajar con el agresor y con la víctima, respectivamente.
Los padres de familia, tutores de escuelas pueden quitar o restringir el uso de todos los artículos de lujo que se usan para cometer la agresión cibernética -por ejemplo, limitando el uso de las computadoras únicamente para el trabajo escolar (con supervisión en la escuela y en casa) o restringiendo el privilegio de usar teléfonos móviles. Dependiendo del joven, de la intención y de la severidad del daño causado, se les puede aconsejar a los agresores a que le envíen una carta sincera a la víctima, en la cual reconocen su responsabilidad, lo que se debe sentir al ser agredidos cibernéticamente y las lecciones que aprendieron. También sería indicado que al agresor se le limitara el contacto con sus “amigos agresores”. Estos son los jóvenes que le proporcionan poder y empuje a un agresor, haciendo así que el problema aumente cada vez más.
Me gustaría ver señales de que el agresor siente algo de empatía o compasión antes de cesar las consecuencias. Puede funcionar el hecho de trabajar con el agresor cibernético para crear un plan que les demuestre a los padres y a maestros que él (ella) “lo comprende”. Este es el momento para que el agresor “repare” la situación -a pesar de que no se pueden eliminar las cicatrices que quedaron atrás, se puede avanzar positivamente y procurar formar relaciones más positivas y honestas en el futuro. El seguimiento por parte de los adultos es esencial.
Los adultos no pueden intervenir si no conocen la situación. Piénsenlo -como padre o tutor, ¿le gustaría saber si su hijo o hija está agrediendo a alguien? Si su respuesta es afirmativa, entonces también sabe que es necesario que los padres se sientan más a gusto hablando entre sí y que los maestros tienen que apartar tiempo para informarles a los padres en caso de que sospechen que un conflicto entre estudiantes es algo más que un conflicto trivial.
Julie Guido, LCSW-C, es una terapeuta que cuenta con 15 años de experiencia trabajando en escuelas intermedias (7° y 8° grados) y escuelas secundarias (9° a 12° grado) y en su consultorio con niños de 6 a 18 años. Vive en Pennsylvania con su esposo y sus cuatro hijos.

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