El Dr. Donald Shifrin, vicepresidente del Consejo de Medios de Comunicación de la Academia de Pediatría Americana, tiene una solución radical para aquellos padres que buscan controlar el comportamiento de sus hijos con respecto al los mensajes de texto: crianza tradicional, de la buena. “Exactamente como se ha hecho siempre”, recalca, los padres son los que están a cargo.
“Son los padres los que le están proveyendo este recurso a sus hijos [teléfonos móviles con planes de mensajería de texto], y por ende ellos deben estar a cargo del mismo. La tecnología sobrepasa rápidamente las habilidades de los padres de estar a cargo, pero aún así deben tratar de estar a cargo.”
Aunque la APA no tiene recomendaciones oficiales para los padres preocupados por el bienestar de sus hijos y el “texteo” (las recomendaciones oficiales tardan dos años en ser aprobadas, proceso demasiado lento para seguir el ritmo del siempre cambiante comportamiento tecnológico de los jóvenes), Shifrin afirma que su comité recomienda vigilancia por parte de los padres y ciertamente un conocimiento al menos rudimentario de los equipos tecnológicos individuales que compran para sus hijos.
“Si a los padres les llega una factura con 300 mensajes de texto en un mes, eso equivale a diez mensajes por día, lo cual es básicamente nada”, afirma. “Pero si llega con más de 300 mensajes al mes, entonces hay que estar pendientes, tal y como se hace con niños pequeños y los cascos para correr bicicleta. Los padres deben monitorear la actividad de texting de sus hijos, y asegurarse que los mismos no estén “texteando” en la mesa, en la iglesia, ni en todo momento en el carro o de noche a la hora de dormir”.
“Si yo no puedo conectar con mi hijo más pequeño porque está utilizando esta herramienta para otras cosas”, dice Shifrin, “tendré que decir lo mismo que diría si lo encuentro viendo televisión cuando no es el momento para ello: ‘Podemos eliminar esta distracción”.
¿Que del dicho al hecho hay un largo trecho? Quizás. Shifrin reconoce que la mayoría de los niños “del sexto grado en adelante” parece estar “texteando”, y que el “texteo” es un “producto de la ideología social”. Hay preocupación por parte de los padres, debido al hecho de que los niños están expuestos a presión por parte de su grupo para “textear”: el “texteo” es la (principal) forma de comunicación entre adolescentes y preadolescentes.
“Un niño sin teléfono móvil en sexto o séptimo grado es considerado por los demás como un ente raro”, destaca. Esta presión se transfiere a los padres: ¿cómo pueden “eliminar” enérgicamente la distracción del “texteo” de manera efectiva, cuando la misma parece ser esencial para el desarrollo de las habilidades sociales sus hijos para encajar en su grupo? ¿Cómo pueden proteger a sus hijos de los peligros del “texteo” y aún así permitirles interactuar de manera “normal” con la gente de su edad?
Aquí es que entran en juego las Cuatro Emes de Dr. Don, el plan desarrollado por Shifrin para manejar las decisiones y comportamiento de los niños, incluyendo el uso de mensajería de texto.
1) Modelo de comportamiento
Sé un buen modelo de comportamiento. ¿Te encuentras a menudo hablando por teléfono o utilizando aparatos tecnológicos cuando no deberías estarlo haciendo? Crea reglas para ti mismo y síguelas. Sé un buen tecnomodelo para tus hijos.
2) Mentor
Sé un mentor para tus hijos. Enséñales con palabras claras “esto es lo que debes de hacer, tal cosa es adecuada”. Explícales: “si se te ha otorgado este recurso, este privilegio, habrá ciertas ocasiones en las cuales no estará disponible”, en base a lo que es considerado comportamiento social adecuado por tu familia. Shifrin sugiere: “Quizás los padres prefieran establecer un contrato con sus hijos con respecto al uso de la mensajería de texto, de la misma manera que se llegan a acuerdos con adolescentes que conducen”.
3) Monitorea el comportamiento que has moldeado y enseñado
Mantente alerta y al tanto. Dentro de un marjen razonable de certidumbre, ¿están tus hijos siguiendo los parámetros de comportamiento establecidos? ¿O acaso está el equipo causando desacuerdos y brechas significativas entre hijos y padres? ¿Has notado algún tipo de actividad o vocabulario fuera de lo normal: falta de interés o de comunicación, demasiados minutos usados, o “texteo” disimulado en horarios inadecuados?
4) Mediador
Si tus observaciones muestran una desviación real del comportamiento que quisieras ver, es preciso que seas el mediador y busques un punto intermedio que cree una mejor solución, diciendo: “He notado que no has estado utlizando el teléfono de acuerdo a lo que establecimos. He aquí lo que podemos hacer hasta que nos muestres que eres capaz de utilizar el teléfono de manera más responsable”. Muéstrales que el comportamiento negativo se nota y trae consecuencias.
¿Qué consecuencia Shifrin apoya?: Confiscar el teléfono móvil o los privilegios de mensajería de texto. “Tal y como en los años 50 era estár castigado. La única diferencia es que esto es un castigo electrónico”, dice.
“Los padres tienen que aprender a decirle a los jóvenes, ‘voy estar pendiente de tu comportamiento y prestaré atención a cómo utilices este recurso que te hemos dado como privilegio’. Aún es un privilegio tener esto todos los meses. Hazle saber a tus hijos qué es apropiado y qué no lo es”.
O sea que según el Dr. Don, todo se trata sencillamente de un regreso a los métodos básicos de crianza, que nunca han sido fáciles, pero son aún más difíciles en esta era de la Generación C (de conectividad). Aún así, con buena planificación y perseverancia, es posible mantener a tus hijos, picados por el mosquito del “texteo”, seguros y saludables.

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