En Espanol

 

Aprendiendo a vivir con uno mismo: una terapeuta habla sobre la bravuconería o agresividad cibernética


¿Ha tenido la oportunidad de encontrarse con la bravuconería o agresividad cibernética en su trabajo?

Sí, muchas veces en mi trabajo como terapeuta escolar, y la estoy comenzando a ver como madre de una chica de 13 años.

La bravuconería cibernética tiene muchos niveles. Un mensaje de alguien que usa humor negativo (que te saluda con “Oye, perdedor”, por ejemplo) puede ser por escrito mucho más hiriente y la persona que recibe el mensaje lo puede malinterpretar con mayor facilidad. Entonces puede convertirse rápidamente en otro asunto totalmente.

También he visto a chicos en la escuela que, usando sus propios teléfonos celulares e inclusive las computadoras en las bibliotecas, apoyan a sus novias arruinando la reputación de otra chica en línea o enviando mensajes instantáneos o mensajes de texto. Estos chicos hacen esto en nombre de la novia, que probablemente tiene algún problema con la víctima de esta conducta agresiva. Esto crea un mayor anonimato para la persona responsable del acoso. De alguna manera, usar el equipo de otra persona (teléfonos celulares, computadoras) la ayuda a sentir que no la van a atrapar o que no es la persona responsable de los mensajes hirientes.

En resumen, he visto el acoso cibernético variar desde algo tan trivial como “esto es un insulto y duele, pero me vale y apagaré el teléfono o la computadora e impediré que te vuelvas a comunicar conmigo” hasta algo tan devastador que cambia la vida de la víctima.

¿Qué deben saber los adultos sobre el acoso cibernético desde el punto de vista de la terapéutica?

Tenemos que estar conscientes del nivel de desarrollo de los adolescentes jóvenes. Las chicas están buscando entablar amistades y sentirse aceptadas. Ellas tienen la habilidad de poder expresarse oralmente bien y de hacer vida social desde la adolescencia temprana. Es particularmente devastador para la mayoría de ellas que la gente pueda ser cruel.

He descubierto que especialmente en la temprana adolescencia, hay un mayor número de chicas que se comunican y hablan con los chicos en línea, que de chicos que hablan con otros chicos o con chicas.

Para los chicos también es importante entablar relaciones, sin embargo sus habilidades sociales todavía no están tan desarrolladas. La crueldad es igualmente dolorosa para ellos, pero posiblemente no sienten la necesidad de estar en línea ni de enviar mensajes instantáneos cada cinco segundos, y no pasan las mismas largas horas comunicándose en línea como lo hacen las chicas.

En las situaciones en que los chicos característicamente aguantan el dolor y reaccionan de manera más patente, es más probable que las chicas se oculten detrás de las paredes cibernéticas. La Internet es una herramienta sumamente poderosa. Las chicas que siempre han sido más extrovertidas y francas pueden seguir siéndolo por escrito, mientras que las chicas que toda la vida han sido extremadamente tímidas ahora cuentan con esta herramienta que les permite ser la persona que deseen ser y agredir a los bravucones que las han tratado mal. También pueden “hablar” más con los chicos -lo que les permite, ahora más que nunca, competir con las chicas más extrovertidas en lo que respecta las relaciones con los chicos.

¿Cómo pueden los adultos ayudar a prevenir el acoso cibernético y reducir su impacto?

Los adolescentes jóvenes no cuentan aún con la habilidad de tomar buenas decisiones en muchas de las situaciones que enfrentan. Es poco probable que tomen en consideración las consecuencias, por lo contrario ahora están bastante enfocados en el momento. Es por esto que debemos encontrar nuevas y diferentes maneras que nos permitan mantenerlos fuera de peligro; debemos darles las pequeñas guías que necesitan para tomar las mejores decisiones posibles.

Para lograr hacer esto, nosotros como padres de familia y maestros tenemos que tratar de ser condiscípulos de los adolescentes en este mundo nuevo y debemos dedicarles parte de nuestro tiempo para dejar que ellos nos enseñen. La comunicación es trascendental.

Volver a estar en control es un tema importante para los perpetradores y para las víctimas. ¿Cómo podemos ayudar a los adolescentes jóvenes a lograr esto? Varía según las circunstancias. A veces, podría significar que los tenemos que apoyar para que puedan decirle “no” al agresor con firmeza y luego apagar la computadora. En otros casos, podría significar la intervención cara a cara de un profesional. Para esto es necesario involucrar a la escuela y el apoyo de los padres, y para hacer esto los adolescentes tienen que tener entereza; es una situación que infunde temor y las consecuencias son inciertas, como bien se sabe.

 ¿Cuáles han sido algunas de las respuestas específicas que haya visto que funcionen?

 Un contrato para el uso de la Internet. Los adultos debemos recordar que sí tenemos el control. Recuerden, la Internet es un lujo; es posible que los adolescentes necesiten la Internet para la escuela o para llevar a cabo investigaciones, pero también es un privilegio. En mi casa hemos preparado un contrato sencillo que estipula cuándo está bien el usar la Internet, durante cuánto tiempo y cuáles son las contraseñas de mis hijos. Este contrato incluir consecuencias claras si no se cumple con lo establecido, de acuerdo a lo estipulado en el contrato. En mi hogar elaboramos el contrato en familia y lo adaptamos a cada grupo de edad. Cada uno de mis hijos tiene su propio contrato.

Empatía y ejemplo. Los agresores cibernéticos se ven a sí mismos como seres anónimos que no tienen que asumir la responsabilidad de lo que dicen, y que no tienen que ver el impacto físico o emocional que lo que dijeron le causó a la víctima de la agresión. Debemos enseñarles a los niños desde muy temprana edad que las palabras tienen un significado y que pueden afectar considerablemente a los demás, especialmente la palabra escrita que no va acompañada por gestos ni inflexiones de la voz que ayudan a definir los significados.

 Retrasar el tiempo. Los maestros y los padres de familia pueden dirigir sesiones interactivas con adolescentes jóvenes para buscar ideas brillantes sobre lo que conlleva la agresividad cibernética y sobre qué hay que buscar en uno mismo y en los demás. Comience ayudando a que ellos traduzcan los instintos y las respuestas físicas a sentimientos reales, para luego poner esos sentimientos en palabras. Por ejemplo, cuando se lee un IM, un rubor facial significa vergüenza o enojo, una tensión muscular significa enojo o temor, etc. El poder identificar estas claves físicas que pudieran indicar el momento en el que uno “se ve envuelto” en un conflicto, puede ayudar a resolver el conflicto de alguna manera, antes que se convierta en un asunto demasiado difícil y doloroso.

Con los adolescentes mayores todavía se puede ir un paso más, ayudándolos a que aprendan a preguntarse: ¿A dónde me dirijo con este intercambio cibernético? ¿Qué sentimientos engendran estas respuestas en línea? ¿Cómo percibo que terminará esta situación? ¿Cómo quiero que termine? ¿Necesito obtener ayuda de un adulto con esta situación? Mantenga en mente que les estamos pidiendo a los adolescentes y preadolescentes que sean introspectivos mientras piensan en el futuro. Sí lo pueden hacer, pero simplemente no sucede de la noche a la mañana y a veces tenemos que enseñarles cómo.

Resolución de conflictos e intervención en los mismos. Debido a que nosotros los adultos no tenemos la ventaja de haber tenido nuestra propia experiencia de niños con el mundo cibernético, necesitamos obtener información a través de libros o debemos escuchar a nuestros hijos y aprender de ellos que la están viviendo. Necesitamos salirnos de nuestras zonas cómodas y aprender activamente en qué lugar se encuentran tecnológicamente nuestros hijos. Una revisión ocasional para ver qué sitios visitan y con quiénes chatean lo mantendrán más al tanto de su mundo. Es igualmente importante que nuestros hijos vean que sabemos del ciberespacio y que lo entendemos – esto por sí solo puede actuar en ciertos adolescentes como freno a la agresividad cibernética.

Las intervenciones para ayudar a las víctimas de la agresión cibernética pueden oscilar desde bloquear electrónicamente al agresor o comunicarse con los Webmasters de los sitios en donde se encuentra el material malintencionado, hasta involucrar al colegio y buscar una intervención terapéutica.

Además de concentrar nuestra atención en las victimas de la agresión cibernética, también debemos mantener en mente que nuestros hijos podrían ser agresores cibernéticos. Algunas de las maneras en que podemos retomar el control si nuestro adolescente está involucrado en cualquier forma de agresión cibernética es intervenir cuando empieza el problema e imponer consecuencias inmediatas – lo que típicamente involucraría prohibirle el uso de la tecnología y hacer lo que sea necesario para ayudarlo a tener empatía por la víctima. Los padres deben aprender a sentirse cómodos al proporcionarles a sus hijos las consecuencias apropiadas. Esto significa permitir que los niños y los adolescentes aprendan sufriendo las consecuencias de sus actos o conductas inapropiadas cuando interactúan en línea con otras personas.

El conflicto es parte de la vida. Necesitamos dialogar abiertamente sobre la situación y equipar a los adolescentes para que hagan lo mismo. Si los adolescentes se dan cuenta que pueden salir adelante en momentos difíciles, quizá estén más inclinados a respirar profundamente antes de actuar, o a tomar pasos positivos para resolver un conflicto en vez de convertirse en agresores o víctimas.

Los chicos aprenden mejor viendo y participando (por ejemplo, interactuando a través de una experiencia y tomando un papel en simulacros), de manera que debemos pasar tiempo con ellos para ayudarlos a comprender, a su nivel, el impacto que pueden tener en otras personas. Esto es un asunto del mundo real – y la tecnología nos proporciona las herramientas creativas para ayudar a que los niños aprendan sobre estas situaciones difíciles, haciéndolas más manejables al mismo tiempo. 

Parte de la resolución de conflictos significa que quizá yo no pueda cambiar a la otra persona, pero puedo tomar decisiones saludables para cuidarme a mí mismo y poder vivir conmigo mismo.

 En la próxima edición: La Sra. Guido comparte la historia de cómo una adolescente pudo reconstruir su vida después que años de agresiones cibernéticas la llevaron a un diagnóstico de Desorden de Tensión Emocional Pos-Traumático, así como los pasos específicos para poder trabajar con agresores cibernéticos.

 

Julie Guido, LCSW-C, es una terapeuta que cuenta con 15 años de experiencia trabajando en escuelas intermedias (7° y 8° grados) y escuelas secundarias (9° a 12° grado) y en su consultorio con niños de 6 a 18 años. Tiene cuatro hijos y vive en Pennsylvania.

 


Leave a Comment

Sign Up!

For New Content Alerts